Las Enseñanzas de los caballos: Aprendiendo a Desacelerar

Durante muchos años (en mi versión anterior) llevé una vida “a las corridas”, apurada, con un acelere casi vertiginoso. Recuerdo que cada minuto de mi día estaba ocupado con alguna actividad impostergable y si me retrasaba, acarreaba ese desfasaje a la siguiente actividad. Mi vida era algo así como un camino crítico de un diagrama de Gantt ¡sin holgura!…


Eso hizo que sin darme cuenta, llegara a vivir en un estado de enojo constante. Me irritaba con facilidad, y me enojaba aún más el enojo que tenía. En fin… era un círculo vicioso. Claro que en ese momento yo no detectaba ni las causas ni las consecuencias de mi problema. Para mí era normal estar en ese estado y es lo que me salía de forma natural. No tenía conciencia de la vida que estaba llevando.


Gracias a Dios y a la búsqueda de mi destino, aparecieron los caballos en mi vida diaria y lo cambió todo.



Estos sabios animales me hicieron hacer un máster en EMPATÍA, lo que me llevó (entre otras cosas) a aprender a desacelerar. Me mostraron que si yo no bajaba esos cambios, no lograría tener una relación con ellos.

Los caballos viven en un modo sen, muy pasivos, muy presentes, y no sienten el mínimo interés por interactuar con alguien que se encuentre en la frecuencia en la que yo vivía. Recuerdo que cuando salía para estar un rato con ellos, automáticamente se iban para otro lado. Yo sentía que me rechazaban y esto me frustraba mucho.


Claro que me costó entenderlos. El primer paso fue dar vuelta mi óptica y buscar las causas en mí, no en ellos (no sos vos, soy yo). Este fue mi gran primer aprendizaje.




Ahora, luego de años de estar siendo aprendiz de Matienzo, Esperanza, Lolo y Pinino, vivo con el chip del “modo caballo”. La convivencia con ellos hizo que fuera mimetizándome y entrando en su sintonía, porque además entendí que si no lo hacía, no podríamos vivir en armonía.

Hoy me veo caminando junto a mi manada a una velocidad que me asombra. Por momentos me desconozco... descubrí que en mi caja de cambios existía la primera, y que además hoy se convirtió en mi marcha habitual.

Pasé de vivir en estado de enojo al estado de gratitud, y esto me hace estar aún más y más agradecida… en fin… un círculo virtuoso.




Los caballos tienen una energía y una templanza que envuelve a todos los que estamos en su entorno: humanos, perros y gato en el caso de La Rueda. y esto nos vuelve más predispuestos a la introspección, más abiertos a las preguntas y a la reflexión.


Esta es una de las tantas magias de los caballos. Y yo, una bendecida por vivir en esta sintonía con ellos.


GRACIAS GRACIAS GRACIAS






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